Una noche extraña

Una noche extraña. Imagen de PublicDomainPictures en Pixabay
Imagen de PublicDomainPictures en Pixabay

Una noche extraña

Caminaba de forma tranquila, procurando no llamar la atención. La ventaja era que había mucha gente en aquel lugar paseando, por lo que mientras estuviera por allí podría pasar inadvertido. Por otro lado, entre todas aquellas personas podía encontrarse uno de los que le estaban buscando. Por esa razón no podía bajar la guardia.

Él era la única persona que había presenciado los hechos que se produjeron en aquella extraña noche. Estaba volviendo a su casa después de haber ido a una animada fiesta. Era cerca de la una de la mañana. Llevaba toda su vida recorriendo aquellas calles, muchas veces de noche, como aquella vez. Nunca había visto acontecer nada anormal. Tampoco había escuchado nunca a ningún vecino quejarse. Era una zona residencial extremadamente tranquila. No se cometían delitos de ningún tipo. Por eso andaba siempre muy relajado a cualquier hora. Sin embargo, aquella vez fue diferente. Cuando le faltaba poco por llegar a su casa oyó unas voces hablando en un tono bastante alto pero no le dio importancia. Dio por hecho que eran jóvenes que iban ido a la misma fiesta que él y habían bebido de mas.

Justo al doblar una calle se encontró con la escena. Se quedó petrificado por unos instantes. Unos hombres estaban metiendo algo en una furgoneta. No podía saber exactamente lo que era porque estaba envuelto completamente en un especie de saco alargado. Los sujetos advirtieron su presencia al instante. Entonces echó a correr lo mas rápido que pudo en dirección opuesta a ellos. Oía los gritos detrás de él ordenándole que se parara. En lugar de eso, corrió sin parar hasta que estuvo seguro de ya no le seguían.

Al día siguiente, fue a denunciar los hechos a la policía, pero nadie le creyó. Después de escuchar su relato, dieron por hecho que el alcohol lo había hecho alucinar y le recomendaron no beber tanto. No se había registrado nunca ningún hecho negativo en aquel lugar. Ni siquiera la policía pensaba que algo así pudiera ocurrir. Pero él se sentía muy intranquilo. Desde ese noche extraña, solo salía a la calle para lo que era estrictamente necesario y luego volvía a toda prisa a su casa. No había vuelto a salir por la noche. Incluso estaba pensando en mudarse a otra ciudad. Además, sentía remordimiento al pensar que había presenciado un acto delictivo y no había colaborado para que se hiciera justicia.

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