La luz

La luz. Imagen de Colin Behrens en Pixabay
Imagen de Colin Behrens en Pixabay

La luz

Abrió la libreta una vez mas para buscar la información que necesitaba. Pasó la hojas adelante y hacia atrás varias veces, pero fue en vano. Ya no sabía donde buscar. Había revisado todos los documentos disponibles en su oficina. De pronto se acordó de algo. Fue a su perchero y palpó con con la mano el bolsillo superior izquierdo de su abrigo. Notó que había algo en su interior. Abrió la cremallera interior de su bolsillo y sacó un papel muy arrugado. Por fin había encontrado los datos que necesitaba para acceder al programa y terminar su trabajo. Se sentó rápidamente en su silla giratoria y empezó a introducir la información en el ordenador.

Súbitamente, se fue la luz . Todo quedó a oscuras. Se llevó las manos a la cabeza. Permaneció allí sentado si saber muy bien lo que hacer. No sabía cuanto iba a durar el apagón. Con suerte, podrían ser solo una par de minutos. Si no, tendría que esperar horas allí. Miró su teléfono. La batería ya estaba en la últimas. En un acto reflejo cogió el cargador que estaba en la mesa para enchufarlo, pero entonces se dio cuenta de que sin energía eléctrica no iba a ser posible.

Se puso a reflexionar en como había llegado a aquella situación. Había tenido suficiente tiempo para acabar su informe, pero se confió demasiado y se puso a hacer primero otros trabajos que no eran tan importantes. Las jornadas fueron pasando inexorablemente y cuando se vino a dar cuenta apenas le quedaba un día para presentar los documentos. Su jefe no sabía nada de aquello y tampoco le había preguntado por su trabajo. Probablemente, daba por hecho que ya lo había terminado. Tenía mucha confianza en él porque hasta ahora había demostrado ser muy fiable. Se le ocurrieron algunas excusas, pero enseguida las descartó por ser realmente absurdas.

Al fin, volvió la luz. Habían pasado tres horas desde entonces. Tenía el tiempo justo para terminar, pero ya ni siquiera podría volver a su casa. En poco tiempo amanecería. Pensó que lo mejor sería empatar con el día. Completaría lo que le faltaba, se iría un rato a la calle, tomaría un café y entraría a su hora habitual como si nada hubiera pasado. Era una persona a la que le gustaba sentir la adrenalina e ir al límite, pero que reconoció interiormente que aquella vez había ido demasiado lejos.

Dejar un Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puedes usar estos HTML tags y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>
*
*